Dolor Crónico. Claves psicológicas para aliviarlo.

Cuando de habla del dolor crónico normalmente la atención se suele centrar  únicamente a nivel médico, es decir, en la existencia de un daño físico. Sin embargo es importante resaltar  las consecuencias psicológicas asociadas a la vivencia de ese dolor en la persona que lo padece.

¿Qué es el dolor crónico?  Cuando nos referimos al dolor crónico hablamos de un tipo de dolor cuya duración excede los seis meses y que además no suele responder a los tratamientos. Este tipo de dolor puede incluso estar presente cuando su causante ya ha desaparecido o sanado. Es una experiencia no solo distinta al dolor agudo de forma cuantitativa, sino también cualitativa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), se trata de un problema muy extendido ya que se estima que actualmente afecta a 1 de cada 5 personas.

Cualquier dolor tiene asociado un componente psicológico. La visión médica tradicional más simplista considera al dolor exclusivamente como un síntoma de una enfermedad. Este modelo funciona razonablemente bien para diagnosticar y tratar el dolor agudo. Sin embargo, el dolor crónico suele presentarse conjuntamente con multitud de emociones difíciles de manejar, por lo que conviene conceptualizarlo como un cuadro más complejo ya que cuando el dolor se hace crónico puede tener un impacto limitador en todos los aspectos vitales de la persona que lo sufre (a nivel social, económico y laboral, familiar, de pareja, etc).

Es importante entender que el dolor físico y el dolor emocional se desarrollan en paralelo ya que nuestro cuerpo está dominado por nuestra mente. El dolor genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento físico al que está asociado. Por esto, encontrarse con estados depresivos, de ansiedad o de enfado e incluso ira en un/a paciente con dolor crónico es algo de lo más habitual.

Un dolor crónico puede llegar a hacer que la persona se replantee su visión de su propia vida. Normalmente tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y controlable, pero cuando aparece un dolor resistente, que no se pasa, el papel que jugamos en nuestro entorno pierde sentido. Surge entonces la necesidad de construir un nuevo sentido a nuestra existencia, donde deberemos incluir ese dolor que no se puede evitar y donde deberemos dar cabida a sensaciones corporales incontrolables, limitaciones en la capacidad corporal, pérdida de contacto social, problemas laborales que pueden incluir incertidumbre económica, etc.

¿Cómo trabajar el dolor físico desde la perspectiva psicologica? Debido a lo que ya se ha explicado, ante la existencia de un dolor crónico se hace necesario trabajar el componente psicológico. La idea no es fijar como objetivo la eliminación del dolor crónico ya que esto puede resultar no solo ineficaz, sino también perjudicial para el o la paciente.  Tampoco sería intentar una intervención dirigida a promover pensamientos y/o emociones positivas al respecto ya que ello sólo nos llevaría a generar frustración en la persona.

Entonces, ¿Cuál es la alternativa para trabajar de forma eficaz el dolor crónico desde la perspectiva psicológica? Pues sería ni mas ni menos que haciéndolo a traves de la ACEPTACIÓN. La aceptación consiste en la aplicación selectiva del control a aquello que es controlable (a diferencia de la resignación, que trata de sustituir el control por la ausencia de control de forma absoluta). Desde este punto de vista, las intervenciones psicológicas proponen a los/as pacientes estrategias para mejorar su calidad de vida en una vida con dolor, sin tratar de eliminarlo, implicándose en otras actividades vitales orientadas a objetivos distintos.

Los estudios al respecto confirman que las personas que presentan una mayor aceptación de su dolor físico muestran menores valores de ansiedad y depresión, además de un mayor nivel de actividad y estatus laboral. Por lo tanto, a mayor aceptación del dolor físico encontramos un menor sufrimiento psicológico.

¿Cón qué herramientas se pueden manejar el dolor? A continuación expongo muy brevemente una serie de herramientas y técnicas que suelen utilizarse para aprender convivir de forma positiva con este tipo de dolor.

 1. A través de la respiración y relajación: El dolor provoca tensión muscular y ésta a su vez incrementa el dolor. Se da así un círculo vicioso que potencia la sensación nociceptiva en la persona. Para ello, las técnicas de respiración diafragmática y de relajación muscular (si no hay contraindicaciones físicas) funcionan muy bien. Puedes ver AQUÍ cómo ha de llevarse a cabo este tipo de respiración.

2. Mindfulness: A través de esta herramienta nos planteamos la mejor forma posible de llegar a un compromiso con nuestro dolor. No se trata de alcanzar un determinado objetivo, como reducir al mínimo el dolor, sino como ya hemos dicho, nos orientaríamos a aprender a relacionarnos con él de manera diferente. Anteriormente ya le dedicado un espacio a esta técnica. Puedes informarte más AQUÍ y puedes escuchar una meditación guiada tipo para trabajar el dolor AQUÍ

3. Aprender a manejar  la atención: Los procesos atencionales están claramente implicados en la percepción del dolor. Deberemos aprender a redireccionar la atención y distraernos por medio de sencillos ejercicios como el que os dejo al final del artículo.

4. Cambio del significado de nuestros pensamientos y creencias:  Debemos aprender a detectar para luego manejar cómo distorsionamos el pensamiento al interpretar la realidad, ya que nuestros pensamientos y emociones están íntimamente relacionados. Cuando se padece un dolor crónico es habitual la existencia de pensamientos catastrofistas relacionados con la idea de que el dolor no tiene fin, o no hay solución, ni puede hacerse nada para mejorarlo. Ello nos lleva a ser incapaces de  apartar de la mente del dolor (rumiación), a exagerar  las propiedades amenazantes del estímulo doloroso (magnificación) y también a tener la sensación de incapacidad para influir sobre el dolor (indefensión).

5. Aprender a manejar las emociones: Es básico saber identificar las emociones desagradables y entender su relación con el dolor además de aprender a utilizar el distanciamiento como forma de manejar dichos estados emocionales.

6. Practicar la asertividad: La sensación de incomprensión por parte del entorno es una de las quejas más habituales de los y las pacientes con dolencias crónicas. El dolor, en ocasiones, dificulta la comunicación con los demás. Por ello es imprescindible el uso de la asertividad como técnica para mejorar las relaciones con el entorno inmediato.

7. Establecer cambios en nuestro estilo de vida: El dolor supone por desgracia en bastantes ocasiones, un cambio radical del estilo de vida. Muchas veces no se pueden mantener aficiones y  se ha de abandonar el puesto de trabajo. Por ello, la autopercepción que se tiene de uno mismo/a en el medio habitual en el que se maneja a diario ha de redefinirse como ya se ha venido comentando.  Es importante por ello el establecer nuevos objetivos concretos, además de resaltar la importancia del ejercicio físico, la higiene postural y del sueño como otra herramienta básica para reducir la sensación de dolor.

8.- Organización del tiempo y actividades reforzantes: Muchas actividades se ven enlentecidas cuando se experimenta dolor. Por ello, la sensación de falta de tiempo suele ser habitual en personas que padecen estos problemas físicos cronificados. Aprender estrategias para organizar y gestionar de forma más óptima el tiempo suele conllevar una mejor autopercepción (y por lo tanto autoestima). Dentro de la planificación se trasmite la necesidad de reservar espacios del día para la inclusión de actividades de ocio que suelen ser las primeras que se suprimen cuando se tiene la sensación de falta de tiempo.

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Te propongo un pequeño ejercicio para que aprendas a manejar mejor el dolor ya que es probable que si has leído hasta aquí seas una de esas personas (de cada cinco) que actualmente siente dolor de forma habitual.

Esta tarea fue diseñada específicamente como una herramienta para pacientes con dolor crónico. Si el dolor es sólo consecuencia del estrés (por ejemplo, una cefalea, ciertos dolores en el cuello) puede llegar a desaparecer por completo con esta tarea. Si el dolor tiene base orgánica, te servirá para desconectar el dolor físico del dolor emocional. De esta forma, aunque seguirás sintiendo dolor pero te resultará más soportable.

Para ello debes empezar practicando  este ejercicio en un lugar tranquilo, al menos una vez al día. Tras practicarlo durante unas tres semanas, llegarás a automatizarlo y podrás llevarlo a cabo en casi cualquier situación.

Lo que has hacer es lo siguiente:

-Fija tu  atención en cinco objetos y expresa (mentalmente o en voz alta) tu contento, aceptación o agradecimiento por cada uno de ellos.

-Después, lo mismo con cinco sonidos.

-A continuación, hazlo con cinco sensaciones corporales: Primero trata de sentir lo mejor posible el dolor (por ejemplo, dolor de espalda, durante tres a cuatro segundos como máximo), después céntrate en una sensación corporal neutra; de nuevo, trata de percibir exactamente cómo es el dolor (de tres a cuatro segundos como máximo); a continuación, se centra en una sensación neutra. Así, hasta haberte centrado en cinco parejas dolor/sensación neutra.

-Después, debes pensar en cuatro objetos con contento, aceptación o agradecimiento, cuatro sonidos y cuatro parejas dolor/sensación neutra.

-Luego, tres de cada, dos de cada, uno de cada.

Espero que te sirva de ayuda. De todas formas no dudes en consultar con un profesional  del ámbito de la psicología ante cualquier duda o malestar ya que sobrellevar un dolor crónico puede ser muy difícil con unas simples pautas.

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