Niñxs, adolescentes y pantallas

Cada vez, tanto padres como madres, educadorxs y demás profesionales que trabajamos con niñxs y adolescentes nos vamos haciendo conscientes de la importancia que tienen actualmente las nuevas tecnologías para ellxs y de sus implicaciones en el ámbito educativo, familiar y de ocio.

Es por ello que los adultxs, como educadorxs que somos, nos planteamos la necesidad de ayuda a la hora de la toma de decisiones para la mejora del uso de estas  herramientas y dispositivos que nos permiten acceder a la información en línea y comunicarnos interpersonalmente.

Nuestrxs hijxs como nativxs digitales

Lxs nativxs digitales emplean la tecnología con una naturalidad diferente al resto de las generaciones y se les puede caracterizar por:

-Querer recibir la información de forma ágil e inmediata (están acostumbradxs a ello).

-Sentirse atraídxs por multitareas y procesos paralelos.

-Preferir los gráficos a los textos (la información visual es mejor procesada).

-Inclinarse por los accesos al azar (desde hipertextos).

-Funcionar mejor y rendir más cuando trabajan en Red.

-Tener la conciencia de que van progresando (lo que les reporta satisfacción y recompensa inmediatas).

 

 

Expongo estas características para que entendáis el porqué de esa necesidad de inmediatez y de recepción constante de inputs que caracteriza a estas nuevas generaciones. Los rasgos descritos nos permiten tener una imagen general de cómo son lxs niñxs y adolescentes y de cómo se aproximan a las tecnologías por su condición de nativxs digitales.

Por ello junto con la generalización del acceso a las pantallas es aconsejable una FORMACIÓN TEMPRANA sobre las normas básicas de seguridad, las normas de relación y las responsabilidades que tienen como usuarixs de unas herramientas que les resultan tan atractivas, especialmente en la adolescencia, por diferentes motivos (interactividad, sociabilidad, creación de espacios de intimidad y privacidad, personalización, información ilimitada con el acceso a fuentes muy diversas para satisfacer su curiosidad, sus dudas y problemas)

Conviene, pues, dotar al niñx y al adolescente de las herramientas de autoprotección y autorregulación necesarias para evitar unas actuaciones en la Red que puedan ser nocivas o ilícitas. Más adelante nos centraremos en este punto, pero antes vamos a ver como se relacionan lxs más jóvenes con internet.

Para mí (por mis años de experiencia en trabajo con adolescentes) se me hace completamente imprescindible recurrir a ellxs y escucharlxs, ya que como adultos que somos tenemos una idea preconcebida de lo que creemos que está pasando (la desinformación o la mala información promovida por los medios de comunicación alarmista ayudan a que esto sea así).

Centrándonos en las entrevistas a adolescentes, la práctica totalidad de ellos opina que la herramienta tecnológica que más utilizan es el teléfono móvil (especialmente conectado a Internet) y el ordenador (más en  casa que en el instituto).

La opinión global sobre el uso que se hace de este tipo de tecnología se asocia con valoraciones muy positivas referidas a su funcionalidad, rapidez, facilidad y con la idea de fondo de que ‘ayudan a vivir mejor’. En muy pocos casos, lxs jóvenes han advertido de algunos peligros o problemáticas y, cuando los han manifestado, siempre los asocian a casos aislados, lejanos o a situaciones muy enrarecidas.

Fundamentalmente, lxs entrevistadxs sostienen que usan las pantallas para comunicarse y para acceder a fuentes de datos, tanto formales o académicas, como para bajarse juegos y vídeos. La mayoría de los entrevistados considera que éstas actividades realizadas con son divertidas y entretenidas y las consideran un juego.

 

¿Son conscientes del peligro que hay asociado a este tipo de tecnología?

El principal peligro que lxs jóvenes identifican es la suplantación de identidad o los falsos perfiles (temor lógico si consideramos que uno de los principales usos que señalan es la comunicación y el traspaso de mensajes orales, escritos, fotográficos o videográficos). También identifican como otro gran riesgo el robo o el mal uso de las fotografías, enlaces y documentos compartidos.

 

Ha sorprendido el grado de información que tienen sobre los riesgos que presentan este tipo de tecnologías, especialmente los relativos a Internet. La mayoría identifica como acciones a evitar: entrar en determinadas páginas web y facilitar datos personales o intercambiar contenidos de naturaleza personal. Muchos de los jóvenes entrevistados repiten las advertencias que hacen fundamentalmente sus padres, madres y profesores. Son conscientes de que el peligro en la Red es real, aunque muchos consideran que a ellos no les puede pasar nada porque ya toman precauciones.

En función de la EDAD, la identificación de lo que es un uso inadecuado o una mala práctica con las tecnologías varía:

Lxs más jóvenes (hasta 13 años) asocian un uso inadecuado a: (a) no informar a los padres de algunas situaciones extrañas o peligrosas; (b) entrar en sitios no autorizados o prohibidos; (c) engañar con la edad; (d) bajar archivos que saben que no les gustarían a sus padres; (e) enviar fotos comprometidas; (f) contactar con desconocidos; y (g) facilitar datos personales (especialmente, de vivienda y datos económicos).

En cambio, para lxs mayores (16 y 17 años), los usos inadecuados se reducen considerablemente a prácticas ilegales como el robo de identidad, el acoso o usos dolosos como insultar y maltratar.

 

Pero, ¿Se protegen realmente del peligro? Las medidas de autoprotección que lxs jóvenes entrevistadxs afirman utilizar son realmente escasas. La mayoría ha manifestado que no utiliza NINGUNA medida de protección ante posibles abusos externos. Lxs que sí las usan citan: la instalación de antivirus, la protección del objetivo de la cámara de los portátiles y otros dispositivos y el uso de contraseñas para acceder a programas o dispositivos.

 

 

Las NORMAS en casa son otro de los temas abordados en las entrevistas. Muchos jóvenes (especialmente los menores de 15 años) dicen tener normas más o menos explícitas en sus casas sobre el uso de las tecnologías:

Estas normas inciden, principalmente, en aspectos relacionados con las horas de conexión (el tiempo que pueden conectarse, la prohibición de dispositivos durante comidas y cenas en familia, no conectarse a ningún dispositivo hasta haber completado tareas escolares) o el tipo de sitios a los que se les permite o no acceder (en raras ocasiones, los jóvenes dicen tener en casa filtros que impidan acceder a determinados sitios web)

Otra cosa distinta es el cumplimiento que hacen de las normas familiares y las consecuencias que se puedan derivar de su incumplimiento (muchos jóvenes dicen saltarse las normas, ya que sus padres y madres solo les imponen un castigo si obtienen malas calificaciones escolares)

 

¿Qué opinan lxs expertxs?

Tanto lxs educadorxs como el resto de lxs expertxs, defienden que se hable de usos convenientes e inconvenientes en vez de referirnos a usos y abusos, puesto que las mismas conductas podrían entenderse como buenas o malas en función del contexto y la intensidad.

El problema no es la tecnología sino el uso que se haga de la misma, hecho que se relaciona con la intencionalidad de la conducta (no es lo mismo usar el whatsapp para quedar con tus amigxs, que el usar esta misma aplicación para humillar a alguien o  no es lo mismo estar cinco horas delante del ordenador jugando en línea desatendiendo las rutinas que preparando un examen).

Obviamente, una preocupación presente para madres y padres  es la cantidad de horas dedicadas a las pantallas. Según ellos, el principal problema es el uso intensivo y extensivo del móvil, comentando que siempre están conectados. Aquí se ha de incidir en qué que estén muchas horas conectados no es indicativo de ningún aspecto concreto, a no ser que dejen de realizar otras actividades necesarias en su vida diaria o que afecten negativamente el resto de ámbitos: social, familiar, académico, etc.

Profesores y expertxs afirman que muchos de los problemas vienen cuando los estudiantes no tienen la madurez suficiente para afrontar una determinada situación, produciéndose errores y acumulando malos usos. De todas formas, hay acuerdo general sobre la dificultad que plantea el poner normas y límites en el uso de las pantallas durante 365 días al año en un entorno global.

 

Se remarca la falta de control por parte de las familias (un porcentaje considerable de adolescentes afirman que sus padres no conocen sus movimientos en la Red y la mayoría comenta que no tienen ninguna norma establecida al respecto). La dicotomía prohibición vs diálogo es real. Como punto coincidente, se afirma que los dispositivos deben estar situados en un espacio común para facilitar el seguimiento del tiempo de conexión, aunque se reconoce como una anormalidad que habrá que superar, si entendemos el uso de las pantallas como otro entorno normalizado y habitual. Una primera señal en la dirección apuntada sería el centrar la formación en las posibilidades y hábitos positivos en vez de focalizarse en los aspectos negativos.

Por todo lo comentado anteriormente, cobra sentido incidir en la necesidad de INFORMACIÓN, FORMACIÓN Y ENTRENAMIENTO EN AUTORREGULACIÓN de lxs más jóvenes, para que adquieran referentes que les permitan situar un uso y utilidad adecuados.

 

 ¿Cuándo podemos hablar de abuso de TIC?

 Basándonos en las entrevistas realizadas en los últimos estudios, cuando lxs jóvenes son interrogadxs sobre cómo les gustaría pasar un sábado por la tarde, ellxs, del abanico de posibilidades de ocio presentadas, responden mayoritariamente que salir con sus amigxs. Con todo, algunos consideran que, a veces, prefieren quedarse en casa viendo la tele o jugando con videojuegos si el plan de diversión con los amigos no les atrae demasiado.

Sin embargo a lxs padres y madres es fácil que nos parezca que nuestro hijx tiene un problema con “internet o el móvil” pero  veamos realmente cuando podemos hablar de un problema real:

Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las pantallas o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en una adicción son las siguientes:

  • Cuando la actividad de la que sospechamos pasa a ser el centro prioritario para la persona. Todo lo demás pasa a segundo término, incluso actividades que antes eran placenteras (como salir con lxs amigxs). Se piensa en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y es fácil que se sienta irritadx de forma excesiva cuando la conexión falla o resulta muy lenta.

 

  • Aislamiento: Se pasa horas encerradx en su habitación y le cuesta respetar los horarios de comida o sueño, el estudio (baja notablemente el rendimiento) o incluso el cuidado de la salud.

 

  • Se vuelve hurañx e irascible. Discute fácilmente y no atiende a razones (no debemos confundirlo con el proceso propio de la adolescencia). Una pista: No reconoce que tenga un problema y no quiere hablar de ello.

 

  • Se utiliza la mentira para justificar o tapar algunas de sus conductas. (ejm: mentir sobre el tiempo real que está conectado)

 

  • Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y/o perder la noción del tiempo.

 

  • Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador/móvil.

 

 

De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia “por usar internet”, configuran el perfil de un o un adolescente con un problema al respecto. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana.

 

En definitiva, la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a Internet para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana. En estos casos engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo y anula las posibilidades de interesarse por otros temas. El sujeto muestra un ansia por las redes sociales y se crea un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas.

 

Por eso cuando hablemos de nuestros hijos como “adictxs a internet o al móvil” la mayoría de las veces no lo haremos correctamente, hemos de tener en cuenta su condición de nativos digitales y que su forma de comunicarse con el mundo es distinta a la nuestra (nos guste o no).

 

(nota: La adicción real a Internet y a las redes sociales es un fenómeno preocupante. Sin embargo, matizar que dicho problema puede ser una manifestación secundaria a otra adicción principal (la adicción al sexo, por ejemplo) o a otros problemas psicopatológicos, tales como la depresión, la fobia social u otros problemas de tipo impulsivo-compulsivo (el TOC, por ejemplo). Como recomiendo siempre, lo mejor es consultar con profesionales).

 

¿Qué podemos hacer?

 Como ya se ha dejado entrever, el uso de las pantallas y de las redes sociales impone a los adolescentes y adultos una responsabilidad de doble dirección: Lxs jóvenes pueden adiestrar a los padres en el uso de las nuevas tecnologías, de su lenguaje y sus posibilidades; los padres, madres y educadorxs, a su vez, deben enseñar a lxs jóvenes a usarlas de forma correcta.

 

Los padres y madres y educadorxs deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone:

-Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.

-Fomentar la relación con otras personas cara a cara.

-Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.

-Dar ejemplo, si nosotrxs estamos todo el día conectadxs, si nuestros hijos nos hablan y estamos más pendientes de contestar un mensaje o darle un like en FB tendremos poca credibilidad.

-Estimular el deporte y las actividades en equipo.

-Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.

-Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

 

 

La limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés propuestas pero enmarcadas en el ámbito del control y como decimos lo ideal, sobre todo si hablamos de adolescentes es que ellxs mismxs aprendan a autorregularse (igual que en otros ámbitos de su día a día)

 

Pautas educativas.

 Como se viene señalando, Internet es una excelente herramienta educativa y productiva tanto para mayores como para lxs más jóvenes pero para obtener estos beneficios es necesario un manejo seguro.

Todo ello pasa por la educación tanto de padres y madres como de hijxs. Quizás, la recomendación más importante es la de establecer un canal de comunicación efectivo con nuestrxs hijxs, entendiendo por “comunicación” un proceso mediante el cual dos individuos o más intercambian información (traducción: permitir que el menor se exprese).

Para INICIAR esta comunicación debemos tener en cuenta:

-Comenzar a temprana edad (tan pronto como empiecen a usar la conexión en red es el momento de hablarles de cómo han de comportarse cuando están online).

-Crear un entorno de diálogo abierto y sincero (para que los menores se encuentren cómodos si han de hablar de situaciones molestas, intimidantes o de violencia en su contra).

Iniciar la conversación (no esperar a que se acerquen ellxs).

Comunicar nuestros valores (hablar sobre la forma correcta de socializar, de las normas de conducta correctas en sociedad, etc).

Tener paciencia (la mayoría de lxs niñxs necesitan que les repitan la información, en pequeñas dosis cada vez y adecuada a su edad. No debemos romper el canal de comunicación aunque nuestro hijo o hija hiciera algo que nosotrxs consideráramos indebido).

 

Además puede ayudar:

-Establecer normas respecto a su uso y establecer consecuencias si se produce un mal uso.

-Que padres y madres se informen de los posibles riesgos a los que se pueden exponer sus hijxs cuando navegan por internet

-Es conveniente instalar mecanismos de control parental que dificulte a lxs más pequeñxs el acceso al contenido de los adultos (por si llegan de forma azarosa a ellos)

-Inculcar cultura de la privacidad: Explicar a lxs menores que no deben dar info personal o familiar a través de la red. Recordarles que todo lo que se sube se puede bajar y que cualquier persona lo puede utilizar de forma incorrecta. Deben ser conscientes de los riesgos de exponer cualquier formato de datos personales públicamente (ejemplo; sexting finalidad real es por diversión, por impresionar o por autoafirmación y no perciben ninguna amenaza de su privacidad)

-No acordar citas con gente desconocida por este medio.

-No descargar programas, música o archivos sin permiso (riesgo de espía o virus).

-Limitar el tiempo de uso (para ello deberemos dar ejemplo).

-Acudir a padres si se sienten incomodos o amenazados (preguntas demasiado personales, insultos, contenidos sexuales).

-En caso de sufrir ciber bulling: no deben responder ni tomar represalias por su cuenta (esto provoca que el nivel de violencia escale muy rápidamente); deben avisar a un adultx de confianza inmediatamente; no deben borrar los mensajes o evidencias pues en caso de persistencia o de convertirse en conductas delictivas serán necesarias para presentar denuncia.

-¿El ordenador en un lugar visible de la casa? Solo es efectivo en lxs más pequeñxs, y sobre todo para temas referidos en acoso (podremos ver su reacción: sobresalto, enfado)

-Eliminar la brecha digital. Esforzarnos en conocer la tecnología que nuestros hijos utilizan, no tanto con finalidad restrictiva sino para conocer los verdaderos alcances de la misma y poder ofrecerles consejos surgidos del sentido común y de la experiencia

 

 Y para finalizar, la gran pregunta: ¿Cúando deberían comenzar a usar dispositivos móviles?

Para responder a esta pregunta debemos hacernos antes otras preguntas:

  • Mi hijx entiende los límites y es capaz de respetarlos?
  • He hablado con mi hijx de los potenciales peligros de un mal uso de internet y he establecido con mi hijx unos límites para el uso de los dispositivos móviles?
  • Tengo confianza en que mi hijx sepa utilizar de forma correcta su teléfono móvil?
  • Mi hijx necesita un teléfono móvil para estar en contacto conmigo en caso de emergencia?
  • Tengo confianza en que mi hijx recurra a mi si se enfrenta a algún problema derivado del uso del móvil? (ciberbulling, acoso,etc)

 

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