Orientación sexual: Conocer para respetar

Cuando hablamos de sexualidad nos referimos a un concepto muy amplio que abarca múltiples aspectos de la naturaleza humana y que está íntimamente ligado entre otros  a factores biológicos, psicológicos y sociológicos. Por ello para hablar de orientación sexual se hace conveniente definir también otra serie de conceptos aunque sea de forma esquemática:

Cuando utilizamos el término Sexo Biológico nos referimos básicamente a las diferencias biológicas que hay entre el hombre y la mujer (es decir, la diferenciación que existe entre genitales, hormonas, cromosomas, etc). El sexo biológico se manifiesta en tres formas: hembra, macho e intersexualidad (combinación de ambos sexos)

Al referimos a la Identidad de Género, estamos definiendo la  vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la experimenta, la cual podría corresponder o no, con el sexo asignado al momento del nacimiento.

El género está relacionado con las palabras “femenino” y “masculino”. Estos dos términos (femenino y masculino) van a variar según la cultura y el momento histórico ( por ejemplo, algo que podamos considerar hoy en día en nuestro país como exclusivamente femenino, por ejemplo llevar falda, no tiene porque serlo en otros países, como podría ser en Escocia). De la misma manera algo que podría considerarse también femenino hace 100 años, como por ejemplo hacer las tareas del hogar, hoy en día no es así (o no debería serlo).

La Expresión de Género es la forma en la que cada persona manifiesta  su  modo de pensar su propia sexualidad ante la sociedad. Se refiere a cómo expresamos nuestro género: a través de la vestimenta, el comportamiento, prácticas sexuales, los intereses y afinidades, etc. Sobreentendiendo que ya no sólo estamos hablando de las categorías de “hombre o mujer” sino de un abanico bastante amplio de modos de ejercer la sexualidad.

La Orientación Sexual. Este es el término con el que nos referimos cuando hablamos de hacia quien o quienes dirigimos nuestro deseo. Son los patrones de atracción emocional o sexual. Normalmente se suelen encuadrar en el binomio Heterosexualidad-Homosexualidad, pero hay muchas más formas de orientación: bisexualidad, polisexualidad, pansexualidad, etc.

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Al llegar a este punto, me parece importante incidir en el hecho de que la orientación sexual no es una opción y, por lo tanto no puede ser escogida ni cambiada a voluntad de la misma manera que no elegimos ni podemos cambiar cuales son los colores que más nos gustan. Con un ejemplo se entiende mejor: cuando yo era pequeña mi color favorito era el verde y todo lo quería de ese color. En algún momento, no se muy bien cuando, mi color favorito se convirtió en el morado y además, me di cuenta que me horrorizaba el amarillo. Quizás si te pregunto a tí,  me dirás que tu color favorito es el rojo, y que lo es desde siempre. Y si le preguntamos a una tercera persona puede que conteste que tiene desde siempre dos colores favoritos y no sabe con cual quedarse, porque ninguno es mejor que otro. El que nos guste un determinado color es algo que ninguno de los tres hemos elegido, de la misma forma que no hemos elegido nuestra orientación sexual.

Dejando los colores a un lado y una vez aclarados estos términos, podemos concretar un poco más y decir que la sexualidad es una actividad que dinamiza la comunicación y las relaciones humanas, y donde el placer (tanto físico como psicológico) es un elemento básico de esta relación.

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En nuestra sociedad este hecho no ha sido aceptado hasta la actualidad y por ello no sólo ha habido una gran desinformación, sino que la poca a la que se podía acceder era errónea en muchos casos y cargada de mitos en muchos otros.

Una de las ideas más aferradas en la sociedad, es la de asociar la sexualidad simplemente con la función reproductiva del ser humano:

Hasta hace poco, la única etapa de la vida en la que a los individuos se les reconocía su sexualidad, era el momento vital en el que tenían capacidad de reproducción. Es por ello que seguimos relacionando sexualidad con la idea pareja de orientación sexual hetero y adulta. Sin embargo, es importante aclarar que la sexualidad nos acompaña a lo largo de nuestras vidas (desde el momento que nacemos hasta en el que morimos) y lo que se modifica es la forma de expresarla. Todos los seres humanos somos seres sexuados y hay tantas formas de vivir la sexualidad como personas y personalidades, así pues, cada sujeto tiene el derecho y el deber de vivir su sexualidad como desee, como le sea más gratificante, siempre que respete a los demás individuos implicados.

Debido a esta norma social de relacionar la sexualidad con la etapa reproductiva (y por consiguiente con la heterosexualidad) podemos empezar a intuir porqué los comportamientos no heterosexuales chocan frontalmente contra todo el sistema cultural de nuestra sociedad.

Los seres humanos somos “animales sociales”, y nos desarrollamos como tales mediante el aprendizaje. Desde que nacemos y a lo largo de toda nuestra vida, vamos interiorizando ideas, conceptos y valores a través de diversos agentes socializadores (primero mediante la familia, luego la escuela y los amigos, más tarde los medios de comunicación) de esta forma y a través de elementos como el lenguaje, los juegos y las tareas que se nos asignan, interiorizamos miles de normas sociales de las que no somos conscientes y  de las cuales ni siquiera nos planteamos su porqué ( pero sin embargo llega un momento en el que todos sabemos que tenemos que salir de casa con zapatos puestos y nunca descalzos, que cuando hacemos nuestras necesidades tenemos que ir al baño y nunca hacerlas en el suelo…).

Así, poco a poco, vamos aprendiendo a distinguir entre otras cosas, lo que está bien de lo que está mal, y lo que es normal de lo que no lo es. Y de la misma forma que nos vamos construyendo a nosotros/as mismos/as, también ayudamos a construir la realidad que nos rodea (sin ser apenas conscientes del importante papel que jugamos cada uno/a de nosotros/as).

Al interiorizar estas normas sociales de las que hablamos (la palabra norma viene de “normalidad”, esto es, lo que es y/o tiene que ser normal) también interiorizamos y aceptamos lo que es anormal. Partimos de que la normalidad (y por eso también la mayoría) es la heterosexualidad. Por ello,  y debido a que se saltan esta normatividad, las personas no heterosexuales tienen que ser personas anormales (por eso se asignan características relacionadas con la enfermedad y la perversión y se refieren  a ellas con términos negativos).

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Como vemos, de una forma u otra, la sociedad controla mediante el castigo a todos los que se saltan las normas en las que se sustenta. Pero, ¿por qué la sociedad castiga a las personas no heterosexuales? ¿Cuáles son esas esas reglas de control o normas que se saltan con su orientación sexual?:

  • Por un lado, se transgrede la norma reproductiva de la que hablamos anteriormente (una pareja homosexual no puede tener hijos de forma “natural”).
  • Por otro lado, Interfiere el contrato matrimonial clásico y el sistema de herencia consecuente.
  • También se enfrenta a la normativa religiosa de nuestra cultura (aquí saltarse esa norma se llamaría “pecado”).
  • Además, confunde la norma del reparto de los roles sexuales en los que se basa nuestra organización social de trabajo, donde el hombre y la mujer juegan un papel diferente (el hombre como padre de familia, y la mujer como madre relegada al cuidado de sus hijos y a las tareas del hogar).
  • Y decir, como última transgresión de la norma, que con su comportamiento sexual, el colectivo LGTBQI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intersexuales) desafían lo que se espera de ellos/as por el hecho biológico de haber nacido hombre o mujer .

 

La enumeración de estos puntos  ayudan un poco más a entender la causa del rechazo hacia este colectivo (es decir, lo que normalmente se denomina homofobia, transfobia, bifobia, etc). Aceptar la libre existencia de la sexualidad no heterosexual, implicaría que todos estos valores de nuestra sociedad heteronormativa se tendrían que rehacer.

Esta reconstrucción social, es algo que poco a poco va pasando, porque la sociedad se mueve, porque no es estática y porque  aunque todos estemos mediatizados por la sociedad, a ésta la construyen al fin y al cabo las personas que viven el día a día en ella.

Así, y desde hace unos años, de la misma manera que los roles sexuales tradicionales ya no sirven (“la mujer hace cosas de hombres y los hombres hacen cosas de mujeres”) también la sexualidad empieza a aceptarse como algo más que la mera reproducción (esto podemos observarlo en que por ejemplo, los métodos anticonceptivos son de uso diario y ya no hay que esconderse para comprarlos y en que el aborto está despenalizado). De la misma forma que se dan estos cambios, la aceptación de la sexualidad del colectivo LGTBQI también se va gestando poco a poco.

Sin embargo, es indiscutible que la homo/trans/bifobia también es una realidad social y que ésta además puede tener muchas caras (por invisibilidad, por violencia directa, institucional, social, etc).

En el día a día son comunes los chistes sobre la orientación sexual, los términos “marica”, “maricón” o “bollera” son utilizados como insultos… Este uso del lenguaje es aceptado por el grupo de iguales hasta en los centros educactivos. Violenta a los/as jóvenes del colectivo LGTBQI que lo escuchan. Les advierte del peligro de expresar libremente su orientación, vulnera su dignidad,  destroza su autoestima y sobre todo, les hace vivir en el miedo a ser rechazados/as. Y es que mientras que los/as jóvenes heterosexuales aprenden a socializarse, los/as demás aprenden a esconderse, a silenciar su situación porque la escuela, hoy en día, aún no es un lugar seguro para este colectivo.

El miedo de los/as adolescentes LGTBQI a aceptarse y/o hacerse visibles está más que justificado. Aunque la Constitución Española, en su artículo 14 dice que: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”,  vemos todos los días, de una forma u otra, que esto no es real y que son objetivo de discriminación o abuso por no responder al supuesto del imperativo de la orientación sexual heteronormativa.

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 Incido de nuevo en que la orientación sexual no es elegida por el individuo, no es modificable, ni por supuesto se contagia. Es una orientación de la persona que forma parte de una forma de ser total. Lo natural para una lesbiana es ser lesbiana  igual que para un heterosexual lo es su orientación heterosexual. Pedir a las personas que se comporten de forma contraria a su naturaleza, es decir, a su orientación sexual, pone en serio peligro su salud y el equilibrio psicológico. De modo muy simplista ¿cómo te sentirías si alguien te obligase a que te dejase de gustar esa que es tu comida preferida? ¿qué sentirias si te impusiesen comerte otra que no te gusta nada o incluso te asquea? ¿y si además,  para ello usase insultos e incluso la violencia física?. Simplemente piensalo por un momento.

Las diferentes orientaciones sexuales han estado presentes a lo largo de la historia, en todas las partes del mundo y en todas las culturas. La única diferencia es el nivel de aceptación del que ha (o no ha) disfrutado. El porcentaje de la población no hetero, se estima en un 10%. Independientenmente de la exactitud de este dato, me gustaría tomarlo en cuenta para lo siguiente:  se suele decir también  que cerca de un 10% de la población humana es zurda. Esto último hace doscientos años esto era considerado como la marca de la brujería. La fobia hacia la brujas fue tan fuerte, que se llegó a torturar y hasta a matar gente por el simple hecho de ser zurda. Tales actos pueden sonarnos hoy increíbles, pero la sociedad puede llegar a ser muy cruel cuando tiene miedo y el miedo suele ser gestado por la falta de conocimiento sobre todo de lo que va más allá de la norma. Actualmente la homosexualidad está penada en muchos países (incluso con pena de muerte). Seguramente en el futuro, se recordará con asombro como el colectivo LGTBIQ fue sometido a actos similares de desprecio.

Como decía, y ya para acabar, pertenecer al colectivo LGTBIQ no es síntoma de enfermedad, ni provoca ningún tipo de anormalidad en la persona. En cambio, el vivir bajo la presión de tener que fingir, el esconderse, el tener miedo, el no poder ser uno/a mismo/a, esto sí que  puede costar mucho en términos psicológicos. Así que cuando hablemos de orientaciones no heterosexuales, la única patología que podremos decir que sí hace daño es la LGTBQIfobia.

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