Suicidio: reconocerlo y prevenirlo.

El suicidio es actualmente  un problema social de gran magnitud que se ha silenciado de forma incomprensible. Desde hace años viene siendo la primera causa de muerte no natural en nuestro país. Los últimos datos que hay recogidos por el INE (Instituto Nacional de Estadística) se corresponden al año 2.015 y hablan de 3.602 defunciones por suicidio y lesiones autoinflingidas, esto es el doble de muertes por accidente de tráfico en ese mismo año (1.880 víctimas).

Aún así deberíamos tener en cuenta que esta cifra ofrecida tiende a ser conservadora. Incluye solo las defunciones en el acto y además quedaría al margen lo que se suele llamar sucidio encubierto: aquí entrarían las muertes por sobredosis medicamentosas que se clasifican como accidentales o simples fallos cardio-respiratorios, precipitaciones al vacío tambien catalogadas como  accidente (o si el deceso es varios días después de la caída, su causa de defunción se clasifica como politraumatismo). Nos podemos encontrar con suicidios encubiertos en siniestros de tráfico, algunos ahogamientos, escapes de gas, presuntos fallos al manipular un arma, etc. Por lo tanto la cifra podría ascender en nuestro país según los expertos hasta unas 5.000 víctimas anuales.

En Galicia  se han dado 318  casos de muerte por sucidio en el año 2015. Si añadimos los posibles casos encubiertos nos salen las cuentas en una muerte al día. Pese a ello  en nuestra Comunidad Autónoma seguimos sin un Plan de Prevención (y tambien a nivel estatal). Necesitamos con urgencia que se incida desde las instituciones en la educación al respecto de esta problemática (que poco tiene de individual y mucho de social) para que desde la calle, apendamos a detectar, para que podamos comprender, para que podamos ayudar, para que podamos dar soporte, para que sepamos a donde acudir, etc. Para todo ello necesitamos perder el miedo a hablar del sucidio.

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Creencias erróneas en torno al suicidio.

Existen diversos criterios erróneos con respecto al suicidio. En general, estas son las principales creencias y la evidencia que cuestiona  esas creencias:

  • La persona que se quiere suicidar no habla de ello. Realidad: De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas advirtieron claramente sus propósitos.
  • La persona que lo dice no lo hace. Realidad: La persona que se suicida expresa con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta sus intenciones.
  • El suicidio  ocurre sin previo aviso. Realidad: Hay muy pocos casos en los cuales no haya ningún aviso.
  • Las personas que intentan el suicidio no desean morir, sólo quieren llamar la atención. Realidad: Aunque no todas las personas que intentan el suicidio desean morir, son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida. Hay casos en los que la persona puede obtener una ganancia secundaria como llamar la atención o manipular a los demás pero dada la gravedad de un acto suicida y el peligro para la persona, todo intento o señal debe ser tomada en cuenta seriamente. Tras un análisis profundo por parte de un/a profesional cualificado  se puede ver si la persona posee algún rasgo que le lleve a realizar esas conductas de manera manipuladora (trastorno de personalidad límite o histriónica, trastorno antisocial, etc). Pero dado que incluso en estos trastornos hay una alta probabilidad de suicidio, el juzgar si “es verdad” o no que se va a suicidar no nos corresponde a nosotros/a. Todo indicio de suicidio debe recibir atención y ser tomado en serio.
  • Las personas que realizan intentos con medios de baja letalidad, no están considerando seriamente la idea de matarse. Realidad: Toda persona con riesgo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de morir de quien lo utiliza. Algunas no están bien informadas sobre la nocividad del método que van a emplear, como puede ser la utilización de pastillas. Por ello, método empleado no necesariamente está en consonancia con la intención subyacente.
  • La persona que se repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer. Realidad: Casi la mitad de las personas consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo en algún momento de los tres primeros meses tras la crisis emocional que desencadenó la ideación suicida, cuando las personas cercanas creían que el peligro había pasado. En ese momento la persona tiene la suficiente energía como para poner sus ideas y sentimientos mórbidos en práctica (especialmente en pacientes depresivos/as). La señal es que la tranquilidad de la persona no coincide con una resolución del problema o con un evento positivo. Hay que estar alerta con esas “recuperaciones espontáneas” conocidas como “depresiones sonrientes”.
  • La persona que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida. Realidad: Entre el 1% y el 2% de las personas que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del primer intento y entre el 10% al 20% lo consumarán en el resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, raramente semanas, por lo que es importante reconocerla para su prevención. Sin embargo la situación que lleva al suicidio se puede superar.
  • El suicidio es mucho más frecuente entre la clase alta o, a la inversa, se presenta casi exclusivamente entre los/as más pobres. Realidad: Está representado proporcionalmente en todos los niveles de la sociedad.
  • La persona que se sucida está deprimida. Realidad: Si bien es cierto que la depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentemente asociados con el suicidio, no es exclusivo. Hay otros trastornos también altamente influyentes en la posible conducta suicida de una persona. No todo suicida está deprimido, ni toda persona deprimida termina suicidándose.
  • Toda persona que se suicida padece una enfermedad mental. Realidad: Las personas con enfermedades mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. De lo que no cabe duda es  de que toda persona con  riesgo suicida es una persona que sufre.
  • El suicidio se hereda. Realidad: No está demostrado que el suicidio se herede, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En estos casos lo que puede ser heredado es la predisposición a padecer depresión u otro trastorno afectivo en la cual el suicidio es un síntoma principal.
  • El motivo del suicidio se puede establecer fácilmente. Realidad: La verdad es que es muy difícil entender por qué una persona decide suicidarse. Rara vez puede achacarse a un único factor.
  • Pensar en el suicidio es algo raro. Realidad: Los estudios sugieren que la idea del suicidio está presente entre e un 40% y un 80% de la población. Esto significa que muchas personas han pensado al menos una vez en la vida en la idea del suicidio. Otra cosa es cuando la ideación comienza a tener una frecuencia e intensidad cada vez mayor.
  • El suicidio no puede ser prevenido pues ocurre por impulso. Realidad: Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que han sido definidos como síndrome pre-suicidio. Esto consiste en una constricción de los sentimientos y el intelecto, una inhibición de la agresividad (la cual ya no es dirigida hacia otras personas, reservándola para sí) y la existencia de fantasías suicidas. Todo  puede ser detectado a su debido tiempo y evitar que se lleven a cabo sus propósitos.
  • Al hablar sobre el suicidio con una persona que esté en riesgo se le puede incitar a que lo realice. Realidad: Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos.
  • El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado. Realidad: Si el sentido común nos hace asumir una postura atenta y de escucha activa, con reales deseos de ayudar a la persona en crisis a encontrar otras soluciones que no sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención.
  • Sólo los y las profesionales de la salud mental  pueden prevenir el suicidio. Es cierto que psiscólogos/as y psiquiatras son profesionales experimentados/as en la detección del riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los/as únicos/as que pueden prevenirlo. Cualquier persona interesada en auxiliar a otra que esté  en esta situación de riesgo puede ser una valiosa colaboradora en su prevención.

 

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Señales de alerta.

No se pueden prevenir todos los suicidios pero si una gran mayoría. El problema del suicidio choca con un muro de silencio y de prejuicios que lo ocultan. Sin embargo, en gran parte de los casos, la conducta suicida puede prevenirse, de ahí la importancia que se hable del tema y podamos reconocer ciertas señales. Afortunadamente, existen algunos indicios que nos pueden advertir de que una persona está pensando en el suicidio e intentar evitarlo. En los tres meses anteriores el 80% de los/as suicidas advierte sus intenciones y pide ayuda en algún momento. Se estima que el 50%  acude al médico a decir que se encuentra mal durante la misma semana en que decide suicidarse. Hay que poner especial atención cuando se dan señales de alerta. Éstas pueden adquirir las siguientes formas de presentación:

1. Las manifestaciones pueden ser verbales. En este caso el individuo expresa sus deseos de quitarse la vida, independientemente de si tiene planeado o no la forma de hacerlo. Este pensamiento se manifiesta con distintos grados: puede hacerlo sin un planteamiento de la acción, o puede referirse a ello con un método indeterminado, también con un método específico pero no planificado o ya directamente con un plan suicida concreto (esta última situación indica un alto riesgo de suicidio). Contrariamente a lo que se piensa, interrogar sobre la existencia de las ideas suicidas no incrementa el riesgo de desencadenar este tipo de acto y puede ser la única oportunidad, tal vez la última, de iniciar las acciones preventivas.

2. Puede darse el caso de que sean manifestaciones no verbales.  Cuando el individuo no «verbaliza» sus ideas suicidas, se puede llegar a sospecharlas mediante determinadas manifestaciones. Algunas personas tienden a restar importancia a las ideas suicidas, minimizarlas, sobre todo con una sonrisa y expresiones como: «no te preocupes por mí», «no va a pasar nada». El cese de la angustia, una sensación de paz y tranquilidad internas, un período de calma después de una fase de agitación, son signos de grave peligro suicida, pues se ha resuelto el conflicto entre los deseos de vivir y los  deseos de morir a favor de estos últimos (la calma antes de la tormenta).

3. Otras veces el sujeto se iguala, se identifica de manera velada o explícita con una persona conocida que se ha suicidado con expresiones como: «Yo no pienso hacer lo mismo que hizo mi primo que se suicidó» (cuando no se ha mencionado el tema durante la conversación). O también comparar su situación con la similar de una persona que se suicidó: «Manuel se mató cuando supo que tenía cáncer» (y a él se le está investigando para diagnosticarle un cáncer).

4. Algunas veces apuntan hacia la presencia de una idea suicida ciertas conductas cuando se le pregunta a la persona si ha pensado en quitarse la vida. Entre ellas destacan el llanto sin pronunciar palabra alguna, bajar la cabeza y mirar al suelo, hacer silencio un repentino motivado por la propia pregunta, fruncir el ceño, mostrarse intranquilo o angustiado, etc.

5. También sería un indicador de un posible plan suicida si la persona actúa de alguna de las siguientes maneras: regalar sus posesiones más preciadas, correr riesgos innecesarios, cerrar asuntos, visitar o llamar a personas para despedirse, tener escondido el futuro método para lograrlo (acumular medicación, llevar consigo el tóxico, la cuerda, etc.), dirigirse hacia un lugar que usualmente no es visitado por el sujeto (y que es el elegido para realizar el acto suicida) o ingerir bebidas alcohólicas en cantidades y con una frecuencia inusuales (mediante lo cual el individuo trata de lograr «el valor»necesario para llevar a cabo sus intenciones).

6. Se debe prestar especial atención a aquellas personas que experimentan cambios ostensibles en su comportamiento habitual que limitan sustancialmente su adaptabilidad social (ingestión de alcohol o drogas, deserción laboral, divorcio, disidencia del grupo de pertenencia, etc.).

7. Por otra parte, hay algunos sentimientos que se dan en la mayoría de las personas que tienen pensamientos suicidas y que pueden servir de señales de alerta. A menudo estas personas se sienten incapaces de superar el dolor, escapar de la tristeza, pensar claramente, imaginar un futuro sin sufrimiento, tomar decisiones, valorarse a sí mismas, ver alternativas, controlar la situación, dormir, comer o trabajar, encontrar a alguien que les preste atención o salir de la depresión.

Señalar que estas señales de alerta mencionadas se dan a menudo como parte de la vida diaria de cualquier persona, y no suponen necesariamente ninguna alarma, no obstante, estos indicios han de vigilarse detenidamente en los grupos de riesgo.

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¿Cómo actuar?

Si identificamos a una persona y tememos que se suicide hay que ser directos y claros con ella, hablar con naturalidad del tema, estar dispuestos a escuchar y no sentenciar a la persona. Nunca hay que desafiar a la persona a que lo haga o retarla. No hay que reaccionar excesivamente como si estuviéramos impresionados. No hay que prometer mantener el secreto (debemos buscar apoyo). Ofrecer esperanza en alternativas pero no prometer ni dar garantías.

En cualquier caso, estas personas requieren ayuda y existen lugares donde les pueden ayudar. Lo mejor no es pedir a la persona que desista en la idea sino simplemente que la posponga, que de una oportunidad a la ayuda exterior. Simplemente una demora temporal, ese será el inicio. Junto a esto habrá que buscar ayuda profesional. Un/a profesional de la salud mental podrá ver los motivos que llevan a esta persona a desear no vivir y que le causan malestar y a su vez ofrecerle  la ayuda que la persona necesita.

¿Dónde buscar ayuda?

  • CEIFEM (Centro Español de Información y Formación sobre la Enfermedad Mental). Teléfono: 91 507 92 48
  • CENTROS DE SALUD. Atención Primaria y Equipos de Salud Mental Comunitaria.
  • Teléfono de la Esperanza (24horas los siete días de la semana). Teléfono: 902 50 00 02. Santiago de Compostela: 981 51 92 00
  • En caso de emergencias acude a los Servicios de Urgencias del hospital más cercano o llama al Teléfono de Emergencias (112)

2 comentarios en “Suicidio: reconocerlo y prevenirlo.

  • Yo creo que están en pañales los profesionales de esta rama de salud: psicólogos, psiquiatras. Se está investigando en que muchos de esos trastornos ocurren por cómo se alimenta uno y cómo le afectan las enfermedades autoinmunes a la persona. Se medica por sistema.

    • Yo no díría tanto que se está en pañales respecto al suicidio. Es un tema muy complejo (además de delicado) donde intervienen múltiples factores: personales, ambientales, educacionales, sociopolíticos…etc. En lo que si concuerdo al cien por cien contigo, Rosi, es que se medica por sistema, y que el abuso de fármacos como ansiolíticos o antidepresivos para tratar a la población roza los límites de lo aberrante. La falta de recursos en salud mental hace que se vaya a lo más inmediato ya desde atención primaria. Pero sólo es un parche para atajar síntomas. El problema de base sigue ahí. Gracias por tu comentario

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