Aprender a perdonar

Cuando decidimos perdonar a alguien que nos ha hecho daño nos liberamos de una gran carga emocional que llevamos a cuestas. Sin embargo, ¿Por qué nos supone  tanto esfuerzo hacerlo?

En algún momento de nuestras vidas a todos/as nos han herido. Estas heridas nos arrastran hacia un torbellino de  emociones negativas, a veces tan dolorosas que pueden dejar una profunda huella. Cuando alguien nos traiciona o nos agrede emocionalmente, de algún modo estamos siendo atacados/as y por lo tanto nuestra reacción natural es protegernos. Sentimos confusión y frustración además una mezcla de emociones que pueden variar en intensidad  apareciendo el rencor, el dolor, la ira, la hostilidad, la rabia, el odio, el resentimiento e incluso la venganza. Es por ello  que perdonar se convierte en todo un reto.

Sin embargo aferrarse a alguna de estas emociones nos hace más daño a nosotros/as mismos/as  que a quien nos ha herido. Sin ser demasiado conscientes nos mantenemos unidos a esa persona. Esperamos que haga algo para enmedar el daño y aliviar nuestro dolor. Pensamos que es lo lógico ya que creemos que esa persona es la culpable de cómo nos encontramos. Por lo tanto en ningún momento se nos pasa por la cabeza hacernos responsables de las emociones que sentimos.

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¿Qué significa perdonar?

Perdonar implica asumir. Cada persona es  responsable de sus propias emociones. Independientemente de lo que nos hayan hecho, por doloroso que sea,  cada cual tiene el poder para transformar sus vivencias en aprendizaje y crecimiento personal. Debemos ser conscientes de ello para poder hacer un cambio en como percibimos la situación. Hemos de tener la capacidad de valorar de otra manera  a las personas y a las circunstancias que nos han causado dolor.

El perdón no es un conjunto de comportamientos hacia quien nos ha herido. Es una actitud para con uno/a mismo/a. Es una decisión de no permitir que las circunstancias o los hechos dolorosos de la vida nos emponzoñen y nos bloqueen, nos endurezcan a través del miedo a que nos vuelvan a dañar, que nos resten confianza en los demás, que nos aíslen. Perdonar significa crecer emocionalmente.

A menudo consideramos que perdonar es sinónimo de debilidad. Que si perdonamos despejamos el camino para que quién nos hirió continúe con sus ofensas o humillaciones. Creemos que si perdonamos  beneficiamos a nuestro/a agresor/a  dejándolo/a libre de culpa. La realidad es muy diferente: es a nosotros/as a quién  liberamos para permitirnos avanzar. Perdonar es un cambio que se hace por y para uno/a mismo/a. Jamás por la persona que nos ha dañado.

Por ello, perdonar es inherente a aprender de la experiencia. Es  conocerse profundamente y tener a su vez la capacidad de comprender la perspectiva de los demás, apartando los cuestionamientos, los prejuicios, la culpa, el rencor y los reproches. Es entender que las situaciones dolorosas son oportunidades para crecer como personas.

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Esto no quiere decir de ninguna manera  que haya que justificar o mantener la relación con esa persona que nos hirió. Perdonar no es asumir maltratos, ni permitir que nos hieran reiteradamente, ni dejar que abusen o nos agredan. Tampoco significa callarnos ni hacer ver que no ha pasado nada sin cambiar nuestro comportamiento. No es tratar de minimizar u olvidar lo sucedido y tampoco que nuestro/a ofensor/a no sufra las consecuencias de sus actos.

Para perdonar no necesitamos la colaboración de la otra persona porque no implica reconciliación. Nunca  supondrá restaurar la relación con quién haya una probabilidad de que pueda volver a hacernos daño.

El perdón consiste en dejar de buscar activamente que se haga justicia. No se llega a él intentando obtener una descarga de nuestro dolor a través de dicha justicia. Perdonar conlleva sentirnos aliviados y liberados de emociones destructivas y negativas que de otra manera nos acompañarán toda la vida. Aflorarán de forma intermitente y en situaciones diferentes. Esa coraza es muy pesada y conlleva más dolor. Por ello, perdonar nos hace mejores, potencia nuestra salud mental y desarrolla la tolerancia y nuestra autoestima. Además de disminuye  los niveles de violencia, de ansiedad y depresión.

 

Te perdono: ¿Cómo conseguirlo?

Perdonar no es un acto único que se hace en un momento dado. Es un proceso que se conforma a lo largo del tiempo. Incluso podríamos hablar de niveles de perdón de forma escalonada. Podríamos considerarlo como una serie de tareas que van completando e incrementando dicho proceso hasta llegar al grado más completo de perdón. El paso inicial y básico consiste en dejar de lado las conductas abiertamente destructivas (búsqueda de justicia o venganza) y tambien las encubiertas (desear el mal, hugar en la herida).

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Debemos enfrentarnos a nuestras emociones.

Perdonar es básicamente un proceso de aceptación. Independientemente de la ofensa de la que hayamos sido objeto necesitamos primero reconocer  para luego poder expresar cómo nos sentimos. ¿Es enfado o ira? ¿rabia? ¿tristeza? ¿decepción o desencanto?

Evitar o reprimir estas emociones no nos ayudará a avanzar en el proceso. Todo lo contrario, lo alargará o incluso hará que nos estanquemos en un torbellino de emociones desagradables. Además, al enfrentarnos a ellas más allá de la reexperimentación improductiva, conseguimos que cada vez sean menos intensas.

Concreta qué es lo que te ha dolido. Se sincero/a contigo. Será más fácil entender la situación con perspectiva y podrás  comunicar tus emociones de forma más fácil una vez sepas como te sientes.

Debemos comprender.

Si lo único que haces es buscar una explicación lógica de lo que ha ocurrido desde tu punto de vista solamente conseguirás  reexperimentar el dolor sin más. Probablemente nunca estaremos de acuerdo o entenderemos la agresión o simplemente no habrá una explicación. Sin embargo, si hacemos un pequeño ejercicio de empatía hacia el otro podremos comprender lo ocurrido, lo cual es muy distinto a justificar. Estamos tan acostumbrados a ver la vida desde nuestro ángulo que el ponernos en el lugar del otro, sobre todo cuando nos sentimos ofendidos/as, supone un gran esfuerzo mental. Pregúntate: ¿realmente me hizo tanto daño conscientemente?

El perdón no supone la inexistencia de sentimientos de rabia, de ira o de venganza aunque a priori pueda parecer que ello vaya implícito en el proceso. El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos, sino en actuar dejándose llevar por ellos perdiendo de vista intereses más importantes.

Debemos soltar y dejar ir

La palabra ” perdón” proviene de la palabra griega “afiemi y significa, entre otras cosas, dejar ir o abandonar. Por lo tanto perdonar es dejar definitivamente de pensar, reexperimentar y rumiar nuestra agresión. No debemos alimentar el dolor constantemente con nuestro enfado o tristeza.  Solo consiguiremos un gran coste físico y mental para con uno/a mismo/a y probablemente ninguno para quien nos ha dañado. Debemos soltar las amarras que nos unen al dolor y a la persona que nos ha dañado. Hemos de hacerlo por propia voluntad cuando comprendamos que en caso contrario sólo conseguimos mantener la herida abierta. Herida que sólo está en uno/a mismo/a y no en la persona que nos hizo daño.  Pregúntate: ¿Vale la pena estancarse aquí?

“¿Quieres ser feliz por un instante? Véngate; ¿quiere ser feliz para siempre? Perdona”. Anónimo

2 comentarios en “Aprender a perdonar

  • Mejor explicación no hay!! Me encantó!!! Y la verdad que si es una tarea difícil, creo que habemos gente que requerimos de mucho más tiempo para perdonar que otras, pues en el proceso, hay muchos altibajos y nos todos lo comprenden incluyendo a la persona que te Hizo daño.

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