Trastorno obsesivo compulsivo

El Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC,  es un Trastorno de Ansiedad del cual es importante aclarar que no es una manía o una enfermedad y que la persona que lo padece es consciente de lo excesivo de su comportamiento y por lo tanto se crea en ella un gran malestar emocional.

¿QUÉ ES UNA OBSESIÓN?

A lo largo de nuestra vida, cualquier persona experimenta de forma muy común pensamientos involuntarios que pueden ser irracionales y desagradables. Estos pensamientos negativos pueden estar relacionados con hacer daño, con la enfermedad, los errores, la falta de honradez, la sexualidad, con el peligro, la religión y un largo etcétera.

A estos pensamientos intrusivos  que de pronto se cruzan por nuestra cabeza no solemos darles ninguna importancia y los descartamos enseguida olvidándonos de que estuvieron ahí.  Sin embargo una persona con TOC se queda ahí, en ese pensamiento intrusivo, le da una importancia exagerada, lo analiza y además intenta controlarlo debido a lo desagradable que es. Sobrevalora la importancia de esos pensamientos intrusivos ya que puede llegar a creer que son reales, o que le definen como persona, o que puede hacer cualquier cosa por el mero hecho de pensarla.

Podrían ser pensamientos de este estilo: ¿Y si tengo SIDA? ¿Y si hago daño a mi amigo? ¿y si no quiero a mi pareja? ¿Y si me tiro por la ventana? ¿y si he provocado un incendio? ¿y si mi hijo no es  mi pareja? ¿y si en medio de la reunión de trabajo me pongo a gritar algo inapropiado? …

La diferencia de una persona con Trastorno Obsesivo Compulsivo con el resto de la población no está en el tipo de pensamiento, sino que está en la frecuencia, la duración, el malestar producido y las estrategias que utiliza para afrontarlo. De alguna forma se podría usar un símil y  decir que una obsesión es un miedo o más bien fobia a que se materialice un determinado pensamiento.

La frecuencia y la duración de las obsesiones varía mucho entre personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo. Algunas personas informan de dos o tres obsesiones por día que duran largo tiempo cada una de ellas, mientras otras informan de múltiples ocurrencias obsesivas al día pero de breve duración.

 

¿QUÉ OBSESIONES SON LAS MÁS COMUNES EN EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO?

Las obsesiones más comunes son las relacionadas con la contaminación (contagiarse o contagiar a los demás), con los accidentes (dejarse la llave de gas abierta, o la puerta de casa, el haber atropellado a alguien, hacerse daño con objeto afilado, escribir cosas comprometedoras, pensar que a algún familiar le ocurrirá algo grave), con la violencia física (tirarse a un tren, matar a un hijo con un cuchillo, apalizar a un amigo), con conductas socialmente inaceptables (decir o escribir obscenidades, robar, engañar, mentir), con la sexualidad (cometer una violación, abusar de niños, exhibirse públicamente), con la religión (pensamientos blasfemos, dudas religiosas en los creyentes), con la acumulación (tirar algo que pueda ser valioso en el futuro, cometer un error si se tiran ciertas cosas), con el orden y la simetría o exactitud (cada cosa debe estar en un sitio adecuado y/o perfectamente simétrico), con la muerte (imágenes de familiares muertos), o sin sentido (frases, imágenes, melodías o series de números carentes de sentido).

 

¿QUÉ ES UNA COMPULSIÓN?

La mayoría de las obsesiones implican la anticipación de consecuencias negativas si uno se expone a las situaciones que desencadenan aquellas y/o no lleva a cabo alguna acción protectora. Este es el origen de las compulsiones (o rituales).  Las compulsiones están dirigidas a prevenir, reducir el malestar o prevenir el acontecimiento temido. El problema es que esta disminución del malestar sólo es temporal ya que siempre habrá un “¿Y SI…?”

La mayoría de las compulsiones no están conectadas de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir y son claramente excesivas. Además, las compulsiones pueden no ser motoras. Pueden ser tambien conductas encubiertas como repetirse mentalmente cosas, repasar mentalmente lo que ha hecho para asegurarse de que no ha cometido errores, contar en silencio o formar contraimágenes (imaginarse lo contrario a lo que le obsesiona).

 

¿Cómo afecta en el día a día?

Junto a las obsesiones y a las compulsiones se da una evitación de las situaciones que facilitan el surgimiento de las obsesiones. Si una persona tiene miedo a contaminarse evitará aseos públicos, estrechar la mano, incluso salir a la calle y recibir visitas. Si es hacer daño a sus hijos evitará quedarse solo con ellos o tener cuchillos en casa. En las de atropellar se evitará conducir, etc. Aunque en ocasiones la evitación es más sutil: conducir con poca gente, limitar el tiempo fuera de casa…

La persona con TOC intenta en lo posible desprenderse de sus comportamientos repetitivos para encontrar alivio, sin embargo, la ansiedad y el sufrimiento que despierta el impedimento de llevar a cabo sus obsesiones terminan ocasionando que la persona recaiga.

 

¿Cómo tratrar el Trastorno obsesivo compulsivo?

Como ya he comentado al principio, es totalmente normal en cualquiera de nosotros/as el hecho de tener pensamientos de este tipo, por lo tanto el objetivo de una terapia no será eliminarlos.

El objetivo será cambiar las reacciones a esos pensamientos, modificando la importancia que se les da y las estrategias que se utilizan para afrontarlos.  Por lo tanto se ha de hacer justo lo contrario a lo que una persona con Trastorno Obsesivo Compulsivo viene haciendo hasta el momento: exponerse  repetidamente a ese pensamiento sin utilizar ningún ritual que disminuya el malestar o la ansiedad, hasta que deje de tener el poder de provocar emociones negativas.

Los pensamientos en un TOC se valoran de forma inadecuada y catastrofista (“estoy pensando que quizás haya sido yo el que provocara el accidente de coche que he visto en las noticias por lo tanto hay posibilidades de que sea cierto”). Esta evaluación tiene como consecuencia la percepción de amenaza y la activación de la ansiedad. Esta ansiedad necesita ser calmada (“voy a repasar una y otra vez todo lo que hice ese día para que no me quede ninguna duda de que no fui yo”). Sin embargo,  si el  pensamiento intrusivo se valora adecuadamente (“este es un pensamiento raro/desagradable, pero no significa que vaya a pasar o haya pasado”) se ve como poco importante y sin especiales implicaciones personales.

Estando ya claro que no podemos controlar los pensamientos que nos vienen a la cabeza, nos apoyaremos en que lo que si podemos controlar: la respuesta que tenemos ante esos pensamientos. Esta respuesta debe ser de una absoluta indiferencia. Los pensamientos no hay que intentar pararlos ni detenerlos (porque no podemos) y tampoco hay que analizarlos (que yo piense esto no quiere decir que soy una persona horrible o que haya pasado), se ha de comprender que el pensamiento no se va a quedar para siempre ni se va a materializar.

 

 

 

 

 

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